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sábado, 21 de marzo de 2009

La domesticacion, el deseo y nuestro papel en el mundo natural.

Desde nuestro jardín, somos dueños y señores de lo que escogemos, apreciamos, reproducimos y sembramos. Somos los reales creadores y mayordomos de nuestro entorno natural. Al menos eso creemos, o quisiéramos creer. Pero se habrán preguntado si somos nosotros quienes escogemos, o si son las especies quienes nos escogen.

Ahí les comparto una porción del primer capitulo del libro de Pollan, Botany of Desire. Es en estos párrafos donde comienza a esbozar su teoría de "domesticación" o adaptación mutua entre el hombre y las plantas (en este caso la manzana).

Lean, analicen y juzguen, pero atiendan la situación del Ficus ante esta teoría.

"We give ourselves altogether too much credit in our dealings with other species. Even the power over nature that domestication supposedly represents is overstated. It takes two to perform that particular dance, after all, and plenty of plants and animals have elected to sit it out. Try as they might, people have never been able to domesticate the oak tree, whose highly nutritious acorns remain far too bitter for humans to eat. Evidently the oak has such a satisfactory arrangement with the squirrel—which obligingly forgets where it has buried every fourth acorn or so (admittedly, the estimate is Beatrix Potter's)—that the tree has never needed to enter into any kind of formal arrangement with us.

The apple has been far more eager to do business with humans, and perhaps nowhere more so than in America. Like generations of other immigrants before and after, the apple has made itself at home here. In fact, the apple did such a convincing job of this that most of us wrongly assume the plant is a native. (Even Ralph Waldo Emerson, who knew a thing or two about natural history, called it "the American fruit.") Yet there is a sense—a biological, not just metaphorical sense—in which this is, or has become, true, for the apple transformed itself when it came to America. Bringing boatloads of seed onto the frontier, Johnny Appleseed had a lot to do with that process, but so did the apple itself. No mere passenger or dependent, the apple is the hero of its own story.
" Michael Pollan, The Botany of Desire

Pueden escuchar al autor del libro reaccionar e interactuar con los periodistas de NPR;\

NPR Michael Pollan; Parte 1
NPR Michael Pollan - Parte 2

Critica sobre el Botany of Desire. (Critica inteligente, no lloroneria.)

Hasta la proxima

martes, 17 de marzo de 2009

Recordando a Dona Juana,


Me acerco a este escrito con una porción de nostalgia y una de añoranza. Las visitas con Mama Juana, una matriarca del área de Isabela, siempre eran agradables. Dona Juana se dedicó junto a su esposo por muchos años a cultivar la tierra que les daba el sustento, fueron una familia agrícola puertorriqueña, miembros de la clase diaspórica, parte de los que regresaron por añoranza o necesidad a la tierra que les daba el boniato. En la naturaleza de su propia subsistencia, lograron conocer todos los espacios dentro de su finca familiar (de 1 cuerda), cultivar con éxito sus productos y mercadearlos efectivamente. El producto de una vida de trabajo, les brindo abundancia y la capacidad de multiplicar los alimentos que tocaban, como los panes y los peces. Según entiendo, hasta sus últimos días en los cuales disfrutaron ambos una vida plena y saludable, nunca faltó el pan o el dinero y siempre paraban transeúntes y mercaderes a buscar sus productos. Como es natural de pensar, ejercía sus labores y derechos como una ciudadana del mundo y el ambiente natural, con humillación, sencillez y responsabilidad.

Doña Juana es nuestra heroína hortícola por excelencia. Quien trabajaba a diario su huerto y jardines de manera natural, no como una tarea ardua, ni como un pesar o profesión, sino como parte de su rutina natural. Quien conocía todas las plantas que habitaban su huerto y su batey, conociendo sus propiedades medicinales, métodos de propagación y micro climas ideales. Sin pensar demás en el estado de las cosas, ni tener que describir todas las interacciones que observaba, preservaba ese tesoro que le regaló la vida, como un secreto preciado que le llenaba y no le hacia superior. Algunos le llamarían inclusive analfabeta, por que no conocía de especies y descripciones latinas. Esta apreciación no podría ser mas errada, si analizáramos el ejemplo de Juana como horticultora, partiendo del conocimiento y la práctica de 9 décadas de trabajo -que levantó una familia abundante y profesional- descubriríamos que toda las batallas del ego, del ansia de reconocimiento y aplauso son nulas y definitivamente innecesarias para alguien que trabaja la tierra, protege la naturaleza y crea un mejor mundo desde su jardín. La ética del trabajo, la sencillez, el amor por lo propio y el respeto por lo ajeno, el órden y la práctica dedicada, deben ser cualidades que cada persona cultive en sus jardines interiores, de hecho mas fáciles de obtener con la sensibilidad que nos regala la horticultura. Que siempre viva la memoria de dona Juana en todos nosotrxs. Hasta la próxima.